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de Citylandia y Princelandia.

 

Pagina realizada por David Lopez Aguirre 

 

IMPORTANCIA DE LA ESTIMULACION PSICOMOTRIZ EN LA INFANCIA

Desde la etapa prenatal en el niño existen estímulos naturales, desarrollados involuntariamente por la madre y otros estímulos complementarios que igual son desarrollados por la madre pero de forma voluntaria, con el fin de que el bebé en el vientre pueda desarrollar de mejor forma sus sentidos (vestibular, auditivo, visual, táctil y gustativo). Así como existen estímulos prenatales existen estímulos postnatales; estos cubren las áreas del desarrollo motor, cognitivo, afectivo y lingüístico caracterizados como un proceso neurofisiológico.

 

Teniendo en cuenta la importancia de la estimulación en el desarrollo del niño, se crea una inquietud por conocer los aspectos que favorecen  la estimulación temprana en el desarrollo psicomotor del niño; época donde la maduración continúa progresando, mientras que se ejercitan cada vez más los aprendizajes sensomotores. Este es un proceso a largo plazo, por una parte el cerebelo, que suple en principio la insuficiencia cerebral, se encarga de controlar los movimientos y regular el lenguaje. Por otra parte, los hemisferios cerebrales, permitirán al niño adquirir la habilidad manual y el enriquecimiento de la mímica tanto facial como gestual.

El desarrollo psicomotor se puede considerar como la evolución de las capacidades para realizar una serie de movimientos corporales y acciones, así como la representación mental y consciente de los mismos. En este desarrollo hay unos componentes madurativos, relacionados con el calendario de maduración cerebral, y unos componentes relacionales que tienen que ver con el hecho de que a través de su movimiento y sus acciones el sujeto entra en contacto con personas y objetos con los que se relaciona de manera constructiva.

 

La meta del desarrollo psicomotor es el control y dominio del propio cuerpo hasta ser capaz de sacar de él todas las posibilidades de acción y expresión que a cada uno le sean posibles, e implica un componente externo o práxico (la acción) y un componente interno o simbólico (la representación del cuerpo y sus posibilidades de acción)

El desarrollo psicomotor hace que el niño, con sus potencialidades genéticas que van madurando y la intervención de facilitadores ambientales, vaya construyendo su propia identidad. El niño se construye a sí mismo a partir del movimiento. Su desarrollo va del acto al pensamiento, de la acción a la representación, de lo concreto a lo abstracto. Y en todo el proceso se va desarrollando una vida de relación, de afectos, de comunicación, que se encarga de dar tintes personales a ese proceso del desarrollo psicomotor individual.

Durante los últimos años se ha acrecentado el interés acerca del papel del desarrollo psicomotor en el proceso educativo de los niños, viéndose que este desarrollo tiene una profunda influencia en el desarrollo general, sobre todo en los periodos iniciales de la vida, pues el tono muscular, la postura y el movimiento son las primeras formas de comunicación humana con el medio. Así mismo, los procesos de aprendizaje humano se establecen sobre el sistema tónico - postural (adquisición del equilibrio y las nociones de esquema e imagen corporal) y la actividad motriz coordinada e intencional, de ahí que cualquier alteración que afecte el desarrollo psicomotor es potencialmente generadora de una discapacidad de aprendizaje. Por eso, el movimiento se ve ahora como un facilitador primario del desarrollo cognitivo, afectivo y motor, particularmente durante la infancia y la niñez, épocas éstas en las que estas tres áreas de la conducta humana se encuentran más estrechamente interrelacionadas, por lo que cualquier dificultad en alguna de estas áreas puede afectar negativamente el proceso educativo total del niño.

Hasta no hace mucho tiempo, sin embargo, el desarrollo de habilidades motrices y psicomotrices era dejado al azar, esperando que la maduración y la libre experiencia de los niños serían suficientes para alcanzar un desarrollo psicomotor adecuado. Hoy se sabe que sin experiencias psicomotrices apropiadas, algunos niños no se desarrollarán como sería de esperar. No hay por qué suponer que todos los niños sanos y activos que acceden a la Educación Primaria poseen conocimiento y dominio adecuado del cuerpo. Algunos niños de estas edades pueden presentar determinadas dificultades relacionadas con la coordinación, el control postural, la lateralidad o la estructuración espacio – temporal, que afecten de algún modo a su desarrollo. Así mismo, los periodos de la niñez temprana y media son críticos para el desarrollo de habilidades motrices elementales, muchas de las cuales se tienen que integrar posteriormente en habilidades más complejas, que son necesarias para poder participar en diversas actividades como las deportivas y las recreativas.

Esto entronca con los postulados de Alnold Gesell quien indica que los seis primeros años de vida están estrechamente relacionados con el surgimiento de una profusa variedad de habilidades motrices gruesas y finas, a partir de las reacciones originarias, y que lo interesante del desarrollo de estos complejos movimientos es que su carácter automático hace mayor, más bien que menor, su adaptabilidad a las exigencias nuevas. Una vez adquiridas y mecanizadas, las habilidades no sólo permiten una mayor libertad para la acomodación de las nuevas situaciones, sino que sirven también como preparación fundamental para el desarrollo de las habilidades superiores y más refinadas de los años subsiguientes del desarrollo. Se puede considerar, entonces, a los años de la infancia y los primeros de la niñez, como un periodo de integración y estabilización de modos básicos de conducta, fundamentales para el desarrollo de las actividades más evolucionadas.

 

Para Secadas, el procedimiento que facilita la asimilación de lo útil y la eliminación de lo que sobra es el juego. Al jugar el niño va desviando la atención de las fases superadas del aprendizaje, suavizando las dificultades de los hábitos para afianzarlos como destrezas. El juego ayuda a suprimir rémoras y facilita la inserción en habilidades de orden superior. Así, el niño que ha desarrollado la habilidad manual y digital en medida suficiente para desatender el movimiento de los dedos al manejar los objetos o al recortar un papel con tijeras, que juega con las canicas, que hace nudos y sabe trenzar hilos, apenas encontrará dificultad en el manejo del lápiz para escribir. Aquel otro, en cambio, que no haya desarrollado tales habilidades en el juego hasta hacerlas rutinarias, tendrá que dirigir consciente y fatigosamente los movimientos de la mano para trazar palotes, encontrando dificultades en el aprendizaje de la escritura.

 

Juegos Viscerales: Se desarrollarían de 1 a 3 años, y hacen referencia, entre otras, a actividades de balanceo en posición de sentados, como las que se producen en el columpio, la plataforma giratoria o la palanca, ayudados por un adulto. El ritmo y la trepidación en el movimiento sentado o al deslizarse le hacen sentir al niño de un modo placentero los órganos interiores de su cuerpo, de ahí el nombre de estos juegos.

 

Juegos tronculares: De 3 a 6 años. Ahora la actividad se desplaza a la musculatura troncal y a la coordinación con las extremidades, compensando el equilibrio por medio de torsiones del tronco y movimientos compensatorios de brazos y piernas. A estas edades se va revelando una gran facilidad de desplazamiento, quiebros y fintas, signos de un perfecto dominio corporal.

El desarrollo motor del niño hay que entenderlo desde la relación con el adulto, por eso el ser humano va a poder desarrollar el bagaje de competencias con el que llega a este mundo en presencia de un adulto que interactúa con él.

La teoría del apego sostiene que los sentimientos de seguridad que acompañan la formación de vínculos afectivos adecuados son la base del desarrollo posterior. Se sabe que el apego seguro aumenta la exploración, la curiosidad, la solución de problemas, el juego y las relaciones con los compañeros, es decir, que permite abrirse más al mundo. El niño con apego seguro tiene más confianza en sí mismo y en los otros. Al niño vinculado de manera insegura le resulta más difícil relajarse, jugar y explorar. Si este niño encuentra dificultades, tiene menos claro que exista una base segura, acogedora y firme a la que regresar.

 

La Exploración.

 

El segundo sistema que actúa como organizador del desarrollo psicomotor está formado por el conjunto de conductas de exploración que ligan al niño al mundo exterior. La curiosidad y el interés por los seres y objetos del espacio circundante está en mayor o menor medida en todo sujeto. Forman parte de sus condiciones internas y están en la base de los procesos de adaptación al medio.

 

Los múltiples y variados estímulos que existen en le medio activan toda una serie de comportamientos de orientación, búsqueda, manipulación, desplazamiento, etc., a través de procesos perceptivo – motores que aumentan la atención, el tono y el movimiento.

No hay que perder de vista que la novela es una fuente de estimulación para los niños pequeños.

Pero los programas de estimulación del desarrollo psicomotor no sólo deben consistir en facilitar unas vivencias del cuerpo a través de una motricidad más o menos condicionada, en la que los grandes grupos musculares participen y preparen, posteriormente, los pequeños músculos, responsables de tareas más precisas y ajustadas, ayudando a los niños a aprender a emplear sus cuerpos en forma más eficiente, sino que también, como nos sugiere la "Teoría de los organizadores del desarrollo psicomotor", deben contribuir al desarrollo integral del niño. Esto implica tener en cuenta al niño en su totalidad, considerándolo como una unidad psico – afectivo – motriz donde la condición corporal es esencial.

Con esto queremos hacer notar que uno de los mayores peligros que pueden tener los programas de intervención en edades tempranas, es que en ellos no se contemplen la iniciativa y los deseos de explorar naturales en el niño, que no se tenga en cuenta su expresividad psicomotriz, es decir, la original y privilegiada manera de ser y estar el niño en el mundo.

 

El niño va a dominar y comprender una situación nueva por medio de su propia exploración, tratándose, entonces, de ayudarle en este proceso, sabiendo sacar partido de sus experiencias, canalizándolas hacia un buen control de la motricidad, a la interiorización de las sensaciones propioceptivas y al desarrollo de una buena representación del propio cuerpo, experiencias fundamentales para poder utilizar el cuerpo libremente en el espacio y el tiempo.

 

PROGRESO DE LAS HABILIDADES MOTORAS.

 

Durante el preescolar los niños perfeccionan sus habilidad. Los cambios mas radicales se reflejan en las habilidades motoras gruesas y motoras finas.

No se puede separar el desarrollo perceptual, físico y motor del cognoscitivo, ya que lo que se hace desde el nacimiento son la base para las habilidades físico - motoras posteriores y también para el desarrollo cognoscitivo, social y emocional.

 

 

Habilidades motoras gruesas.

 

Son las habilidades de los amplios movimientos corporales como correr, saltar y arrojar.

 

Habilidades motoras finas.

 

Estas habilidades consisten en el uso perfeccionado de la mano, el pulgar y los dedos opuestos. . El desarrollo de variadas habilidades en que participan las manos comprende una serie de procesos superpuestos que comienzan después del nacimiento. Cuando los niños adquieren habilidades motoras finas se vuelven cada vez mas competentes para cuidar de ellos mismos.